Cómo dividieron tareas Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa para calmar las peleas. El Presidente subirá su perfil público, pero estará lejos de las decisiones clave. A Massa lo supervisa Kicillof y la vice, abocada a las cuestiones judiciales.

«Hoy estamos más ordenados que ellos y eso no es poco». Con una pizca de picardía, un importante funcionario del Gobierno pide poner los ojos en la feroz interna que recrudeció en Juntos por el Cambio en los últimos días luego de la irrupción de Elisa Carrió y lo contrasta con «la calma» que, según señala, se logró en el Frente de Todos a partir del desembarco de Sergio Massa.
En este inusual momento de despoder, Fernández se recostará en la posibilidad de incrementar sus apariciones públicas, en hacer anuncios «positivos», con ribetes de campaña, como inaugurar obras o entregar viviendas (ya lo hizo el jueves pasado, en Chaco) pero con el cuidado de no instalar la posibilidad de su reelección. Es un tema que molesta especialmente a Cristina. «Mientras no quiera hacer política, yo creo que no va a haber problemas. Ella no va a pegarle más. Ahora igual maneja Massa y pidió que lo dejemos hacer», asegura una voz que conoce de cerca las pretensiones de la vice.
Al cabo, con la asunción de Carlos Castagneto en la AFIP, luego de que Alberto se resistiera durante mucho tiempo a mover a Mercedes Marcó del Pont, la vice ya se apoderó de todas las áreas de poder que le interesaban.
Preocupada por sus causas judiciales, Cristina mantiene un ojo en la gestión a través de Máximo Kirchner, con quien Massa trazó una relación muy cercana en Diputados, pero en los temas económicos se apoya más en la visión del gobernador bonaerense Axel Kicillof. Es su filtro. Aunque desde ambos lados niegan los encuentros, desde que asumió el tigrense se vieron a solas al menos tres veces. «No lo controla, pero sí le da su opinión de todos los temas», relativizan fuentes al tanto de las reuniones.
A diferencia del Presidente, quienes escucharon a Massa en los últimos días aseguran que el tigrense evitará mostrarse en escenarios partidarios, con clima militante, para no dar señales contradictorias. «Estamos hablando de poner orden, de hacer un trabajo serio, de acomodar las cosas. No puede quedar entre discursos de barricada», argumentan en su entorno sobre su ausencia en los últimos actos. No cuentan -aunque no lo niegan- que ese fue uno de los pedidos que le hizo Cristina en la charla en la que arregló las condiciones, previo a aceptar el cargo. «Va a ir a todo lo que sea institucional, pero no lo esperes ver haciendo campaña», refuerzan.
En el Palacio de Hacienda intentan despegar a Massa de cualquier especulación electoral. Pero no desconocen que el eje del poder se corrió de la Casa Rosada hacia Economía y que desde los intendentes que antes rodeaban a Fernández y que ponían reparos con su arribo, hasta el kirchnerismo, en sintonía con el aval de Cristina, hoy lo ven como la principal opción para evitar la vuelta de JxC.
